Morales Justo, Benito

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Salió libre el 12 de mayo de 2016

Benito Morales Justo, joven Na Savi originario de El Platanar, Municipio de Ayutla de los Libres, Guerrero, hijo de Don Sixto y Doña María, es el mayor de ocho hermanos.

Al igual que muchos guerrerenses Benito abandonó sus estudios por falta de recursos económicos mientras cursaba el quinto año de primaria. Su condición de hermano mayor lo obligó a trabajar con su padre en la siembra de maíz, calabaza y frijol para garantizar la manutención de su familia.

Benito se casó a los 20 años con Margarita con quien tuvo dos niños y una niña. Juguetones e inquietos Manuel, Marcelino y Rosa Elia acuden todos a la primaria y "le echan muchas ganas a la escuela" cuenta Margarita. Benito, con el sueño de que algún día sus tres hijos tengan una profesión que les permita salir adelante en la vida, trabajaba fuerte como ayudante de albañil en la cabecera municipal de Ayutla para poder costear los gastos de la escuela. Para tener maíz, calabaza y frijol, Benito cuidaba durante el temporal en la tierra de su papá porque él no tiene un terreno propio para sembrar, de esa forma también ayudaba a sus padres, quienes por ser mayores tienen cada vez más dificultades para trabajar el campo.

Benito disfrutaba mucho estar en El Platanar junto con su familia y estaba ahí el mayor tiempo posible, "aunque no siempre se podía". El 24 de julio de 2008 -Margarita recuerda mirando el calendario- Benito salió en busca de trabajo a la Ciudad de Iguala. Consiguió un empleo precario como mesero en uno de esos restaurantes a los que van a comer los funcionarios, lo que le permitía tener algo de dinero para comprar los útiles escolares, medicinas y una que otra gallina para criar pollos. Sin embargo, la discriminación de la que era objeto por su color de piel y la dificultad para hablar el español, así como la nostalgia por su familia, le hicieron regresar a El Platanar para reunirse con Margarita, Manuel, Marcelino y Rosita -como le decía a su hija menor-.

A su regreso a El Platanar, para que sus hijos no tuvieran que enfrentar la discriminación que él padeció en la ciudad, Benito empezó a participar de la organización comunitaria y a apoyar en todo lo que se pudiera a su comunidad. En 2009, asumió el cargo de Presidente del Comité de Padres de Familia de la Escuela Primaria Nueva Creación de la Comunidad de Nuevo Horizonte, Municipio de Ayutla de los Libres. En ese cargo permaneció hasta 2011.

Sin embargo, el dinero seguía sin alcanzar y el 7 de noviembre de 2011 Benito se vio obligado a regresar de nuevo a Iguala a trabajar como mesero, una vez más, en el mismo restaurante donde años atrás había conocido la discriminación.

Pero al cabo de un tiempo, regresó otra vez a El Platanar, con más fuerza y convencido de que en su comunidad y a través de la organización podría garantizar un futuro digno para sus hijos. En noviembre de 2012, Benito fue electo en asamblea como Primer Comandante de la Policía Comunitaria de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de la Casa de Justicia de El Paraíso, en la colonia Nuevo Horizonte de la Comunidad de El Porvenir, en Ayutla de los Libres, Guerrero.

Benito fue de los hombres que iban al frente aquel 24 de noviembre inolvidable del 2012, cuando en Miahuichan, Municipio de San Luis Acatlán, la tierra se cimbró con la marcha y el paso decidido de cientos de hombres que levantando el polvo se presentaron como los nuevos integrantes de la Policía Comunitaria de la CRAC durante su 17 aniversario. A muchos y muchas esa imagen de fuerza y poder de los pueblos organizados por la seguridad y la justicia comunitaria nos quedará gravada en la memoria para siempre.

Sin embargo, Benito fue víctima nuevamente de la discriminación, aunque esta vez no en Iguala. Militares y policías lo sacaron arrastrando de la comunidad de El Paraíso, Municipio de Ayutla de los Libres, el 21 de agosto de 2013 y se lo llevaron detenido.

Hoy Benito se consume en una celda fría del reclusorio de Acapulco. Es acusado de secuestro agravado dentro de la causa penal 191/2013 que se instruye en el Juzgado 4º de Primera Instancia del Ramo Penal del Distrito Judicial de Tabares, con sede en Acapulco, Guerrero.

La acusación de secuestro en contra de Benito y sus demás compañeros, es de una desproporción evidente. Aunque algunas autoridades comunitarias realizaron colectivamente detenciones preventivas por breves períodos de tiempo en el marco de la crisis de inseguridad que vive el Estado, sólo de mala fe pueden equipararse estas detenciones a un plagio motivado con finalidades económicas y criminales, pues se trata de conductas claramente diferenciables en razón de la gravedad de la lesión del bien jurídico afectado, de la intencionalidad, de la participación individual y del repudio social que generan.

Enderezar acusaciones contra integrantes de la CRAC por delitos que no guardan ninguna proporción con lo ocurrido incumple el principio de proporcionalidad. La equiparación de dos conductas divergentes en sus fines y absolutamente diferenciables en cuanto al daño causado y el grado de responsabilidad de quienes la cometen, atenta contra este principio.

Benito no es un secuestrador, así lo repite Margarita mientras abraza a Rosita, la menor de sus tres hijos e hijas. Benito intenta conciliar el sueño, abraza el frío que le acompaña, pero también abraza la esperanza de volver a ver a Manuel, Marcelino, Rosita y Margarita. Sueña con que la tierra que trabaja le pertenece. Sueña con que en El Platanar sus hijos pueden seguir estudiando y creciendo en un ambiente de seguridad, justicia y libertad.

Ver en línea : Tlachinollan

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