Pérez García, Albertano LIBRE

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Albertano: Preso político en el Cereso de Tuxpam
Azalia HR.
Aabrón/ Zapateando

El último jueves de diciembre de 2006 visitamos a Albertano Pérez García, preso político recluido en el Cereso de Tuxpam desde hace cuatro años. Acusado de homicidio simple, Albertano fue arbitrariamente detenido el 17 de abril de 2003, el proceso que enfrenta presenta violaciones a los derechos humanos y múltiples irregularidades: secuestrado 5 días, golpeado, aislado, obligado a firmar una declaración, siendo indígena otomí le negaron la asistencia de un traductor así como la de un abogado. El motivo de su encierro está ligado a la represión contra el movimiento social en la Huasteca, concretamente en Ixhuatlán de Madero.

Cada visita a una cárcel es una experiencia a relatar: la espera, los trámites de ingreso, el nerviosismo de la revisión, ésta es siempre más difícil para las mujeres, pues a nosotras nos obligan a quitarnos la ropa interior y hacer sentadillas - una forma de intimidación, buscando inhibir un futuro regreso-. Debo confesar, sin embargo, que la entrada al reclusorio de Tuxpam resultó menos difícil que los accesos a la fortaleza de Perote, cuando veíamos a otro preso político: Santos Soto Ramírez, hoy libre tras 11 años de injusto encierro. En Perote los custodios indagaban sobre nuestra identidad, buscaban “vínculos” con movimientos sociales, les preocupaba que formáramos parte de un comité de defensores de derechos humanos, sentíamos la constante vigilancia; sabían que Santos era un preso político y “lo cuidaban”, “no fuéramos a dañarlo”, dijo en una ocasión uno de los custodios.

Cerca de las 11 de la mañana cruzamos la última de las rejas de acceso en el Cereso de Tuxpam, lo primero que me sorprendió fue la luminosidad, un radiante sol inundaba el área verde, los juegos infantiles, las bancas, a primera vista el lugar no era desagradable. Además está la consideración de los propios reos de ser el penal de Tuxpam una de las menos malas cárceles, ya que tiene mayores posibilidades de empleo. Luego Albertano nos recordaría que las condiciones del encierro son insoportables.

El servicio de “estafetas” (internos en función de mandaderos) nos pide esperar a Albertano Pérez García, quien tarda en llegar. Finalmente lo conozco: 52 años, un poco robusto, de tez blanca, carácter afable, hospitalario, con esa firmeza de ser inocente y saber que su prisión es por motivos de su lucha social. Sus palabras brotan interminablemente, habla de su vida antes y ahora, de su detención, su encierro, su proceso jurídico. Apenas 4 horas para acercarse a las duras condiciones de la cárcel y visualizar las maneras de un sistema que opta por la violencia ante la incapacidad para resolver las necesidades más elementales de los pueblos.

Albertano Pérez García es originario de Molango, Ixhuatlán de Madero, en la Huasteca veracruzana, tierra de hermosos paisajes y riqueza natural, pero también de antiguos cacicazgos y militarización persistente. Comunidades que viven en la pobreza, sin servicios básicos, con la corrupción de las autoridades municipales, donde las violaciones a los derechos humanos son el pan de cada día.

“He servido mucho a mi comunidad, soy un hombre de trabajo” relata Albertano, quien reseña algunos de sus compromisos: petición de infraestructura para su pueblo, denuncia de corrupción, agilización de trámites, cargos comunitarios, y un largo etcétera. Dedicado desde joven a diversos oficios, encontró en el camino la convicción religiosa y se volvió pastor, dice: “le hablo a la gente, les gusta mi palabra, me seguían”.

Albertano participaba en el Frente Indígena de Ixhuatlán, organización de más de 100 comunidades otomíes, nahuas, tepehuas, totonacas, constituido el 9 de agosto de 2002, para luchar contra las medidas represivas del gobierno de Miguel Alemán. El frente se formó en respuesta a la agresión del 14 de junio de 2001, cuando ante la demanda de construcción de un hospital regional integral en Casa la Mata, cerca de 1000 policías ministeriales y de la preventiva atacaron una marcha pacífica que se dirigía a Xalapa: hubo 300 detenidos, cientos de heridos, perseguidos... una estrategia para desintegrar la organización social.

Desde su reclusión en Tuxpam, Albertano comenta que lo detuvieron con engaños la tarde del 17 de abril de 2003. Le dijeron que sólo iban a ver al agente municipal, sin saber la acusación por el homicidio de Roberto San Juan Velasco. Lo secuestraron 5 días, 4 de ellos en un hotel. En la sentencia, presentan como pruebas contra Albertano: su propia declaración firmada el día 23 de abril, bajo golpes y amenazas, cuando finalmente lo presentaron ante el ministerio público de Chicontepec; otras declaraciones inculpatorias son las de testigos quienes “lograron hablar” con Roberto, en agonía, poco antes de su muerte: Gregorio San Juan Velasco -hermano del occiso-; Víctor Manuel Espinoza Tolentino -entonces agente municipal- y Juan Hernández Hernández -policía municipal-, todos ellos personas involucradas en malos manejos en su comunidad previamente denunciados por Albertano.

Respecto a la detención de Albertano y la relación de su detención como parte de un conflicto social y no un delito común, una nota de La Jornada publicó: “El gobierno de Veracruz suspendió temporalmente la construcción de un hospital regional en el municipio indígena de Ixhuatlán de Madero, luego que en un enfrentamiento entre pobladores y autoridades de esa localidad -quienes se disputan la sede del nosocomio- falleció una persona la madrugada del miércoles. El titular de Seguridad Pública, Alejandro Montano Guzmán, informó que efectivos policiacos se trasladaron al municipio para evitar nuevos enfrentamientos y que hasta el momento han sido detenidas dos personas, entre ellas el presunto homicida Alberto Pérez García”.

Albertano estuvo un mes en el reclusorio de Chicontepec, los primeros días completamente incomunicado, después vio a su familia pero se le restringieron visitas. El objetivo: desvincularlo del movimiento, mientras el gobierno avanzaba en su desarticulación. Para alejarlo de su comunidad lo trasladaron el 19 de mayo a Tuxpan, donde se hace más difícil la comunicación y los apoyos jurídicos, económicos, morales.

Sentenciado a 13 años, Albertano no ha contado con buena asesoría jurídica, por lo cual le fueron negadas la apelación y el amparo. En estos momentos se encuentra en el recurso de revisión y esperando beneficios por cumplimiento parcial de condena. Mientras aprende a tejer palma y otros oficios de “readaptación social”. El, quien no sabe ni siquiera robar ¿de qué lo va a readaptar el sistema penitenciario?

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